sábado, 1 de noviembre de 2008

P

Labios del color de la sangre de fresa.
Risa clara, volumen cuidado, timbre propio de la edad, del sexo.
Cabeza rapada y llena de cicatrices.
Ojos azulesy pequeños.
Orejas vírgenes de perforaciones.
Manos protectoras, fuertes y duras.
Piernas con infinitas historias grabadas.
Pies grandes, blandos y lechosos.
Sabiendo qué hacer y cuando.
Dejándose llevar y formando parte de la corriente, fluyendo.
Así era.
O así le recuerdo.

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