domingo, 16 de noviembre de 2008

17. VINO Y LLORIQUEOS


Le conoció con diecisiete años. Él era mayor, para variar. Y esto supuso un cambio de rumbo en algunas cosas. Quizá no se trataba de él, sino de las circunstancias en las que le había conocido, el nuevo círculo de amigos al que se había unido para retomar una vieja amistad de la infancia.
Pero hace un año no se planteaba cosas como despertarse en Buenos Aires una fría mañana de julio y, con los pies desnudos, levantarse para alcanzar las copas de vino de la noche anterior y acabar con su exquisito contenido.
Allí, congelada, se quedaba quieta unos instantes, mirando por la ventana y echándole de menos más que a cualquier otra hora.
Luego a lo largo del día lloriqueaba varias veces sintiéndose algo perdida y alejada de todo lo que conocía y le hacía sentirse a gusto.
Pero con los lloriqueos venían reflexiones con las que se sintió capaz de encontrarse a sí misma en cualquier parte.

Al mes siguiente, ya en España, comenzaron las noches de perder el control a medias.
De las prisas por vivir.
Pero el soltarse artificialmente, hablando más de la cuenta y bailando más de lo humanamente posible y saludable empieza a convertirse ahora en un problema. Preferiría no recordar y ser capaz de frenar ciertos impulsos adolescentes.
Porque ya me estoy arrepintiendo de lo que hice ayer y de este olor que no es el mío.

5 comentarios:

Lycans Laqueus dijo...

Es un lujo poder arrepentirse de las cosas que uno hizo. Mejor que pensar que se pudo haber hecho. Es lo que tiene el Mate.

Un lobo que nunca se arrepiente.

Kike LK dijo...

Creo q tu dejaste de ser adoslescente hace tiempo, y que estas madurando mas aqui que en Buenos Aires...lo mismo me equivoco...pero seguro que me equivoco...
Un beso!

Anónimo dijo...

adolescentes o no, esos impulsos son tuyos. Guardalos o tirarlos a la papelera, segun veas. Pero por lo que a mi respecta, se te ve madura en sí. Un saludo!!

Mónica dijo...

hola me gustó conocer tu blog, así que te visitaré seguido ¿sos de mónaco?

Bsss.

me gustó tu relato. Nos vemos.

James C. Murphy dijo...

De todo se puede sacar algo bueno y sinceramente creo que lo que hicistes, fuese lo que fuera, cumplió su función.

Si algo tiene la adolescencia esque tu cuerpo se revela y se forman muchos impulsos que no se pueden controlar, despues t arrepientes de que tu cerebro no halla dirigido tu cuerpo pero no merece la pena enfrentarse consigo mismo.

Asume tus acciones, aprende de ellas y t harás mas fuerte...