martes, 25 de noviembre de 2008

SOLO (STRAWBERRY FIELDS FOREVER).


El otoño ya tontea con el invierno y, con el jersey gris, de cuello alto, y la calefacción bien subida, se encuentra solo en casa. Completamente solo.
Se sienta sobre la cama y coge el libro que hay en la mesilla. Se acomoda, lo abre y lo cierra. No le apetece leer.
Se levanta y se asoma a la ventana. Fuera es de noche y parece que ha llovido. Demasiado frío para salir. Salir, ¿para qué?
Entra en el estudio, coge lápiz y papel y comienza a dibujar. Pero lo deja, no se siente motivado.
Mira el ordenador encendido. Ya lo ha exprimido suficiente por hoy.
Se pone un poco de música y se tumba para hacer flexiones. Cuando lleva un par cae rendido en el suelo.
Se levanta y va hacia la cocina, y abre la nevera. Demasiado fría.
Pero repara en un cuenco con fresas. ¿Quién las habrá comprado?
Lo saca del frigorífico y se lo lleva al estudio. Allí apoya el corcho blanco (que llevaba cogiendo polvo al me nos tres meses) contra la pared.
Comienza a clavar las fresas en el corcho con unos palillos de madera que normalmente utiliza para hacer dibujos en el barro después de moldearlo.
Las fresas sangran ese humor suyo tan dulce, y entonces lo ve claro: decide llamarla.
Tarda en contestar, y lo hace algo perezosa. Se le nota en la voz.
-¿Sí?
-Déjame llevarte, porque voy a los campos de fresas y no hay nada por lo que preocuparse.
-Campos de fresa para siempre.
(Inspiradísimo en la peli de "Across the universe")

domingo, 23 de noviembre de 2008

NOVIEMBRE DULCE


Voy muy relajada, no he ido a clase por la mañana y a pesar de la hora he encontrado sitio para sentarme en Campo de la Naciones. El vagón está lleno de gente, y en frente hay una pareja que viene del aeropuerto.
Son jóvenes, no parece que lleguen a los treinta.
Ella no es especialmente guapa, rubia natural y de piernas infinitas, tiene una nariz muy peculiar, como si la hubiesen moldeado añadiendo un pegote de más en la punta que la hace algo aquileña, pero con un tabique de tamaño normal. Está algo torcida.
Parece cansada y tiene los ojos más cerrados que abiertos. Mira hacia otro lado y resulta ser la cosa más dulce que he visto en mucho tiempo.
Él también es consciente de esa dulzura y no para de observarla. Le toca el pelo y le acaricia la mejilla.
Tiene manos de artista, y unos rasgos muy especiales, algo de asiático quizá.
Cuando hablan entre ellos me doy cuenta de que son extranjeros, y de que probablemente son más felices de lo que en este momento alcancen a ser conscientes.
Y me quedo embobada, hasta Nuevos Ministerios, mirándoles, y no siento envidia, sólo ternura.


domingo, 16 de noviembre de 2008

17. VINO Y LLORIQUEOS


Le conoció con diecisiete años. Él era mayor, para variar. Y esto supuso un cambio de rumbo en algunas cosas. Quizá no se trataba de él, sino de las circunstancias en las que le había conocido, el nuevo círculo de amigos al que se había unido para retomar una vieja amistad de la infancia.
Pero hace un año no se planteaba cosas como despertarse en Buenos Aires una fría mañana de julio y, con los pies desnudos, levantarse para alcanzar las copas de vino de la noche anterior y acabar con su exquisito contenido.
Allí, congelada, se quedaba quieta unos instantes, mirando por la ventana y echándole de menos más que a cualquier otra hora.
Luego a lo largo del día lloriqueaba varias veces sintiéndose algo perdida y alejada de todo lo que conocía y le hacía sentirse a gusto.
Pero con los lloriqueos venían reflexiones con las que se sintió capaz de encontrarse a sí misma en cualquier parte.

Al mes siguiente, ya en España, comenzaron las noches de perder el control a medias.
De las prisas por vivir.
Pero el soltarse artificialmente, hablando más de la cuenta y bailando más de lo humanamente posible y saludable empieza a convertirse ahora en un problema. Preferiría no recordar y ser capaz de frenar ciertos impulsos adolescentes.
Porque ya me estoy arrepintiendo de lo que hice ayer y de este olor que no es el mío.

lunes, 3 de noviembre de 2008

EN EL PARQUE


—¿Quieres mucho rato o poco?
No entiendo muy bien qué quiere decir. A veces soy lento.
—¿Mucho o poco? —repite.
—¿Qué diferencia hay?
—Cuando es poco me levanto la falda, sólo una mirada no llevo nada debajo. Mucho rato es en el tobogán.
—El tobogán tampoco es mucho rato —le digo.
—¡Mierda! —dice—, mira que eres cargante a veces. Es gratis, no me lo has pedido y encima protestas. ¡Por una vez que tengo ganas contigo! ¡Si no, cortaba ahora mismo! ¡Y te advierto que luego, ni aunque supliques! ¡No me vengas llorando con que otros lo han visto y tú no!

domingo, 2 de noviembre de 2008

ANNETTE, ANNELEIN, ANNA, ANA


Últimamente casi no nos vemos, y cuando lo hacemos ha pasado tanto tiempo que se nos olvidan la mitad de las nimiedades que nos teníamos que contar, porque lo importante se nos suele atragantar antes de salir casi escupido por la boca.
Las cosas están cambiando, nuestras vidas están cambiando, hasta las drogas están cambiando (pequeño guiño a esa peli que parece que pasó por tus narices sin pena ni gloria).
Y no me apetece hablar contigo los sábados o los domingos por la tarde para contarte la odisea de la noche anterior, porque lo que quiero es vivirla contigo.

Parece que definitivamente aquel plan de juntar a nuestros nuevos compañeros y salir todos juntos de fiesta se ha visto un poco... "ahogado".
Si es que no somos compatibles coñel mundo.

De las noche Ashleys casi que me olvido.


Ésto parece más una de esas cartas que tengo pendiente por darte/mandarte que una entrada de blog, pero algún día te escribiré algo más poético.
Lo prometo.

28 YEARS OLD DEAD MAN


Aquello empezó como el capítulo de una serie de investigaciones criminales. La escena del crimen estaba llena de testigos, pero lo peor ya había pasado. En este caso no se trataba de averiguar qué había sucedido ni quién era el culpable, estaba bastante claro.

Él estaba tirado en el suelo, apoyado contra la pared y entre ésta y el coche que lo había golpeado. Tenía el pelo sucio, la cara pintada de blanco y sudorosa y todos podríamos haber afirmado que estaba muerto, por fin.

La verdad es que la idea de que pudiera despertarse en cualquier momento me aterraba, pero sabía que era exactamente lo que iba a suceder a continuación.De pronto sus ojos se abrieron. Con la cabeza inclinada hacia abajo y aquella mueca siniestra de su sonrisa su rostro se volvió tan macabro como lo había conocido siempre.Me quedé sin voz, paralizada. Todos estaban de espaldas a él y yo era la única que le había visto despertar, y ya se estaba levantando.Al percatarse de mi parálisis, una mujer se dio la vuelta y gritó, viendo que él se dirigía hacia nosotros, tambaleándose y gruñendo.

Corrimos, huyendo de aquella, nuestra pesadilla.Salimos a la calle por la rampa de entrada del aparcamiento. En cuestión de minutos había formado todo un ejército de asesinos a su imagen y semejanza.Escapamos todos. Parece ser que él estaba demasiado ocupado planeando algo para acabar con todos nosotros de una vez.

Huimos a la selva, sí, a la selva. Yo nunca supe muy bien dónde estábamos. Parecía un paraíso amazónico. De espesa vegetación pero increíblemente iluminado, irradiaba una luz casi fosforescente. Caminábamos en fila india día tras día. Él seguía nuestros pasos por aquel laberíntico paisaje, a veces en paralelo a nosotros.

La selva le transformó, y mi percepción de él cambió completamente. Se había vuelto más humano, quizá más que muchos de nosotros, que ya empezábamos a alienarnos.

Se había dejado crecer el pelo, el cual se había aclarado con el sol y ya le llegaba por debajo de los hombros en calidad de rizos y recogido en una coleta. Su mirada se había vuelto mucho más serena y ahora viajaba solo. Por primera vez vi más allá de la pintura blanca que antaño cubría su rostro. Ví que sus ojos eran pequeños y marrones, sus cejas no estaban muy pobladas pero eran anchas, y su barba era rubia y escasa. Iba descubierto de cintura para arriba y su piel se había tornado algo más oscura de lo que probablemente solía ser. Sus manos estaban llenas de callos y trabajaba con ellas en algo.

Aquella imagen despertó algo en mí que me hizo abandonar mi huida, al grupo y mi propio raciocinio.

Atravesé el muro de ramas e insectos que me separaba de él, sentado a pocos metros, y me acerqué.

Al principio parecía ignorarme, a mí que me había robado el corazón casi derrepente. Pensé que quizá no era su tipo, o que sus ansias de matar se habían extinguido, o que la soledad de su viaje le había vuelto un ser ermitaño. Pero me sentía a gusto, a salvo, y no tuve la necesidad de entablar conversación alguna.

Finalmente una voz en off me narró, por así decirlo, lo que me esperaba.Se había convertido en un salvaje absoluto, y cierto instinto animal le impulsaba a perpetuar la especie, a "continuar con el proceso de reoproducción" como dijo la voz.

A mí me asustaba que me hubiera elegido, no creía estar preparada, pero no pude negarme.Él me miró, se tumbó sobre el mullido suelo inclinado y me invitó a hacer lo mismo.
be joker

sábado, 1 de noviembre de 2008

LAS MADERAS

Nosotras le pusimos nombre propio a ése lugar.
Allí compartimos mil secretos que allí se quedaron.
Tanto es así que ni siquiera quisieron volver a nuestra memoria.
Las maderas son silenciosos testigos de mis escapadas, mi paciencia, mis nervios, desengaños y admiración.
Y siento que me pertenezco un poco más con su silencio.
2002 dejó su huella, 2004 la borró.

P

Labios del color de la sangre de fresa.
Risa clara, volumen cuidado, timbre propio de la edad, del sexo.
Cabeza rapada y llena de cicatrices.
Ojos azulesy pequeños.
Orejas vírgenes de perforaciones.
Manos protectoras, fuertes y duras.
Piernas con infinitas historias grabadas.
Pies grandes, blandos y lechosos.
Sabiendo qué hacer y cuando.
Dejándose llevar y formando parte de la corriente, fluyendo.
Así era.
O así le recuerdo.