Columpiándonos borrachas, botella en mano,
por la noche en un parque infantil.
Sentándonos como si el dolor de espalda
fuera cosa de otro mundo. Como si más que sentarnos
nos hubieran dejado allí colocadas.
Creando historias a partir del paisaje,
con árboles como protagonistas
y final feliz pero sin enamoramientos,
porque eso todavía no cabe.
Imaginando un mundo ideal,
donde todo es cómodo y saciar nuestras
ansias de placer no tiene consecuencias.
Preguntando el por qué de todas las cosas,
dando por hecho que el otro
tiene siempre la respuesta.
Ansiando un futuro y riéndonos del pasado.
Así practicamos nuestra infancia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario