viernes, 30 de enero de 2009

LA HORA DE COMER

Salió del baño después de al menos una hora. Todavía no controlaba aquello. Todavía le faltaban unos cuantos años para descubrir su cuerpo en su totalidad.
Se cruzó con Mamá por el pasillo.
“¡¡¿Pero cómo te pones el bañador sucio de ayer, si te acabas de duchar?!!”
“Es que quiero ir a la pisci esta tarde.”
“Sí, con la que está cayendo. Anda, vístete y a comer”
Fue a su habitación a por su vestidito de estar por casa, el blanco. Pero recordó que lo había visto en el tendedero. Ya debía estar seco.
Se subió a la silla de plástico pegada a la pared y escaló para llegar a la ventana. Esta parte le costaba, sus piernecitas rollizas siempre se atascaban en el alféizar. Por fin de un impulso consiguió estar más en la terraza que en la habitación, y con un salto que a ella le parecía realmente vertiginoso, todo un acto temerario, aterrizó en el suelo de baldosas rojizas.
Una vez fuera se impregnó de aquel momento mágico: la hora de la comida.
Le llegaba el olor de las frituras de media urbanización, el ruido del entrechocar de las vajillas dentro de las casas y el aroma del guiso de alguna cocinera sin piedad que pretendía matar a su familia a base de guisos en pleno mes de agosto.
Y si se asomaba un poco, por encima de aquel jardín botánico que tenía montado su madre a lo largo de toda la terraza, podía ver a los pocos valientes que habían ido a la piscina aquella mañana volver a casa corriendo bajo la lluvia.
Le daban pena los caballos, que a lo lejos, estaban a la intemperie. Y más allá de los caballos, no sabía cuánto pero sin duda algo más lejos, en las montañas, se preguntaba si los niños volverían igual de la piscina a casa para comer.
Pensaba que no, porque en el Escorial era todo un poco diferente. Seguro que allí estarían comiendo todos en restaurantes, porque ella siempre que iba con Papá y Mamá comía en algún restaurante. Y pedía macarrones con tomate.

lunes, 26 de enero de 2009

SEBOSHAS!!!

Avenida de América. Increíblemente me hago con un sitio, y me siento. Y enfrente mis ojos descubren a un tipo curioso.
Es negro, guapo. Tiene unos ojos preciosos. Es indudablemente atractivo.
Lo siguiente en lo que me fijo son sus calcetines, sus calcetines en contraste con el resto de la vestimenta.
Va trajeado. Un traje de calidad, o eso parece. Lleva un abrigo gris, a juego con el traje, que le hace muy masculino. Es de cuello cerrado y lo lleva casi cubriéndole la mitad de las orejas.
Calza unos zapatos negros de punta, un poco feos y desgastados, pero le quedan bien.
Los calcetines son negros también, y desde lejos no se podría apreciar, pero a esta distancia me hace gracia ver las calaveritas blancas con los huesos cruzados.
Es un pirata! Un rebelde! Un transgresor!

Lo siguiente en lo que me fijo es en el libro que lee. Miento. En sus manos. Son grandes, y tiene unos dedos largos y huesudos. Y un anillo de casado.
Sostiene un libro que más que leer ojea y analiza. Pasa unas hojas hacia atrás de vez en cuando. Mira las primeras páginas como buscando datos de la edición. Edición mala, por cierto. El libro está destrozadico.
Consigo ver el título: Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus. Pero en francés. Dibujillos cutres en la portada.
Casi no levanta la cabeza de aquellas páginas sucias y gastadas con tapa blanda. Aquello que sostiene como un misal.
Va por la mitad.

Luego veo que debajo de la chaqueta del traje se esconden una camisa azul claro con rayas blancas y una corbata, muy bien combinada, de un tono azul parecido y rayas color crema y chocolate.

Un tipo con muchas capas.

domingo, 25 de enero de 2009

LOVE IN BED TOO



Aquella noche quería hacer el amor, pero como siempre aquello no pasó.

Acabaron follando.

Lloraba en silencio mientras él dormía a su lado, ajeno a todo.

Había tomado una decisión, una decisión que le dolía, pero ella estaba despierta y él dormido.

Todo empezó como algo mágico. En realidad era un rollo de una noche llevado demasiado lejos. Pero todas sus relaciones empezaban así.

Tras un tiempo empezó a quererle con todos sus defectos y virtudes. Los defectos por delante, para no despistarse y enamorarse. Pero aún así le quiso lo suficiente como para echarle de menos cuando le dejara.

No tendría celos, pero extrañaría su olor, tan especial. Y se le haría un nudo en la garganta cada vez que viese algún tipo parecido a él, con un pelo similar y ese aire despreocupado.


No quería repetir más aquella historia. Sólo quería hacer el amor.

El dibujo está copiado de una foto de Toto Frima. Y tengo que reconocer que no está muy trabajado.

lunes, 19 de enero de 2009

AIRE



Estábamos Anna y yo en la puerta de unos chinos, en Chueca. Recuerdo que ella fumaba.
No era tarde, no mucho. Creo.
Entraron tres chicos, de unos 19 años, como mucho un par más.
A mí parecer al menos dos de ellos tenían cierto canelismo. Iban desaliñados, alcoholizados, borrachos, pedofas, ciegos. Aunque no lo suficiente como para no reparar en nosotras.
Uno de ellos entró cantando: "Aaaaaire, soñé por un momento que era aaaaaire..."
Yo no sabía entonces que esa canción era de mecano y simplemente me pareció algo mágico.
Una vez dentro los tres uno de ellos se lanzó sobre otro con un efusivo beso.

Y entonces me enamoré de la juventud.




domingo, 18 de enero de 2009

TIEMPO Y SILENCIO


No recuerda si alguna vez tuvo algún tipo de control sobre el tiempo.
La verdad es que no recuerda si alguna vez tuvo algún tipo de control sobre algo. Quizá nunca lo necesitó.
Pero ahora ella misma se escapaba de sus propias manos.
Su mente escapa la realidad sin previo aviso demasiado a menudo y de manera tan creativa que le cuesta volver.
El tiempo… el tiempo lo dicho, algo que no acaba de comprender.
Sabe que hace las cosas más despacio que los demás, y que le gusta así.
Pero la sociedad no tiene tiempo para tonterías. De nuevo el tiempo.
Está insatisfecha, descontenta, desengañada. Aunque nunca consiguieron engañarle del todo.
Casi siempre incómoda entre los de su edad por no conectar. Casi siempre incómoda entre los mayores por sentirse pequeña.
Está cansada de crecer a trompicones de la mano de los mayores, de no vivir lo que le corresponde, sino de aparentar cierta madurez y normalidad ante las cosas totalmente nuevas para ella.
Enamorada del mundo y de la vida como está, no encuentra su lugar ni su camino.

si el mundo te da la espalda tócale el culo

sábado, 3 de enero de 2009

COCINAS

Entro en la cocina de mi abuela y como siempre anda a mil cosas. Hoy hay cocido. Odio el cocido. Nunca fui de pucheros, tanta elaboración para algo tan pesado de comer. Pereza, eso es lo que yo asocio con los pucheros.
Antes del cocido unos langostinos a la plancha. Todavía empapados, están esparcidos por el escurridor del fregadero, con su mirada resignada e indiferente.
Miro el bote de sal, no recuerdo haber visto otro en esta casa. Es curioso como cuanto mayores somos, cuantos más cambios ha dado nuestra vida, más nos resistimos a cambiar nada.
Aunque supongo que eso es algo más de las generaciones pasadas.
Me siento en la escalera, junto a la ventana, igual que hace diez años. Para mi abuela fue ayer. Mi madre todavía se refiere a nosotros delante de los abuelos como "los niños".
Ayer le pregunté cuándo íbamos a dejar de ser los niños.
Mi abuela me ofrece ensalada. Tiene huevo. No puedo con el huevo cocido. La puta regla de las gallinas huele exactamente a eso, a regla de gallina.
Así que como es típico de ella me prepara algo que me guste más: un tomate con sal y orégano.

En la cocina de M es otro royo. Susto me observa mientras pelo una naranja, despacio, muy despacio. Soy muy lenta con estas cosas, y lo peor es que me encanta.
Su hermana está haciendo una salsa para la pasta que tiene muy buena pinta. Son las cinco de la tarde.
Aquí todos vamos descalzos. Me gusta la vida de esta gente. Tan natural, tan auténtica.
El ambiente es cálido, aunque el suelo está frío. La música es tierna y va muy bien con la escena.
Ellos comen y yo observo.
No hay nada como estos momentos en compañía en la cocina.

http://es.youtube.com/watch?v=iFLW635B4JU