Detrás de ella una hilera de fuego se acercaba cada vez más deprisa haciendo desaparecer el paisaje desértico, envolviéndolo todo a su paso en una nube roja, de polvo y cenizas.
La imagen de una joven asiática de pelo hasta la cintura vestida de negro se alzaba ante ella para recordarle por qué estaba allí, al mismo tiempo la voz de él, sólo su voz, le llegaba desde el este, como una bocanada de aire helador, cargada de reproches, con lágrimas atragantadas.
Ya era muy poca la distancia entre ella y las llamas, pero ya no podía seguir corriendo, y no sabía si quería.
3 comentarios:
Tienes un gran mundo interior...q tía!
Beso!
Carajo!!, lo peor es dudar en seguir o no. Tengo los labios cortados del frío y secos del calor.
un lobo que no apra a pensar.
Se nota que nos echamos de menos porque hemos publicado fotitosblogash las dos...
Sigo sin comentarios para con esta entrada.
K.
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