El lugar era singular, desde luego. El aire estaba cargado.
Las paredes rojas que se le echaban encima y el suelo de baldosas blancas y negras le facilitaban una disposición para la paranoia que le gustaba bastante.
El ambiente le resultaba siniestro y falso, como un circo de payasos alcohólicos y obesos, sudorosos y viciosos, que se caen del monociclo babeando.
La gente que bailaba estaba en un estado de trance al que él no podía acceder, no había tomado suficiente.
Sabía que era capaz de llegar con mucho menos. Pero este no era el lugar.
No le gustaba perder el control, no hasta ese punto, y no estaba en casa.
Justo al final de la noche, cuando por fin se soltó a bailar con los griegos vio algo que se había imaginado cientos de veces pero que nunca pensó presenciar.
Su corazón se partió en mil pedazos y dejó de sentirlo.
Voló, voló tan alto que salió de allí. Se vio del tamaño de una nuez, azul y brillante, llegando a una isla, una casa con jardín, su jardín, sus enredaderas cubriéndolo todo, la fuente de piedra en el centro y los lobos, los negros lobos que le acompañaban a menudo. Estaba atardeciendo.
Cerró los ojos y desapareció.
3 comentarios:
Mmmm... White, esto es un sueño? Me ha gustado lo de los payasos.
Me ha gustado tu perfil... sobre todo eso de "Noches de locuras con Anna" ;)
ésto son... vivencias
una noche de locuras en la Argentina
creo que me o puedo imaginar... xD
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