Ha llegado el calor. Al menos aquí lo hace. Siempre, supongo.
Continente nuevo, vida nueva.Lo hemos dejado todo y a todos. Nos hemos mudado al verano.
Aquí de momento no existen las preocupaciones, es lo bueno de ser nuevas; no hemos tenido tiempo de cagarla.
Lo único que tengo que hacer es familiarizarme con este barrio, este barrio deshumanizado. Donde la hierba crece más verde que en ningún otro sitio, las casas son de impolutos inmaculados tonos pastel y el asfalto arde obligándonos a permanecer en nuestras little boxes.
El proyecto del sueño americano llevado hasta sus últimas consecuencias: una preciosa calle vacía.
Nosotras, madrileñas de siempre, vivimos en un piso, en un edificio no muy alto. Y claro, hay que compensar la falta de un perfecto jardín al que salir a jugar con Tommy y Fluffy. Así que tenemos piscina y nuestro porpio market 24 hours buying people. Es como un super de barrio en el portal.
Y no parece una gran idea si nos paramos a pensar en que es poco probable que seis pisos, de cuatro puertas cada uno, sean lo suficientemente fieles a este establecimiento como para que resulte un negocio rentable.
Pues entro, y ni más ni menos que 4 cuatro personas aparte del dependiente.
Son las 2 de la tarde. Imagino que a las 11 de la mañana cualquiera que entrara podría pensar que se trata de una reunión de vecinos, de no ser por el atrezzo.
Hay un tipo gordo llenando el carrito de Dreyer's de todos los sabores, pero eso sí, light. A su lado un Timmy mirándole con cara de asco.
Un hombre y su mujer pelean por la marca de cereales (parece mentira que un sitio tan pequeño tenga tanta oferta) justo cuando van a pagar. Y justo cuando el tío va a sacar su american express (y deduzco que dentro de poco yo acabaré haciendo lo mismo, no doy crédito, ha ha), rebobino hasta el momento en que ha agarrado la cartera. Chan chan!!! Una pistola.
Bienvenida a América pequeña, el lugar donde puedes encontrar más estereotipos por metro cuadrado.
Al menos para mí este continente cumple su función de tierra de las oportunidades.
Como no dice la canción: madre ha comprado un futuro mejor.
En realidad tiene un nuevo trabajo, un sueldo nuevo.
Yo me estaba estancando; undiéndome en el fango a consecuencia de mis propias acciones. Undiéndome como Ártax en el Pantano de la Tristeza y siendo Atreyu al mismo tiempo, luchando por seguir adelante. Atrapada en el pasado y el remordimiento.
Aquí puedo empezar de cero y elegir quién quiero ser. Como empezar una partida nueva de los Sims. Creando un presente que no se corresponda necesariamente con el pasado.
No hay lugar para él en esta nueva vida. De momento no hay lugar siquiera para el dolor, el rencor, el amor o la confianza. Aunque me conozco y sé que la confianza llegará pronto; en cuanto se presente la más mínima oportunidad, que con cuatro palabras me tienen en el bote.
Y no soy capaz de mantenerme prudencialmente distante sin que parezca que me doy unos super aires o que voy de Casper.
Él me hizo darme cuenta de cosas como ésta. Algo me he traído, era inevitable.
Siempre he tenido cierta tendencia chupasangre en las relaciones. Supongo que por eso me va tan bien.
Aquí podría salir con un anodino adolescente americano y hacer lo que me toca de una vez. Ser una jovenzuela normal, moral y conformista. Y no una eterna lolita con síndrome de Peter Pan, un revoltijo de hormonas hiriente.
Definitivamente el pasado se me ha subido a la chepa y ha cruzado el océano conmigo, y conmigo se quedará.
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