
Besitos fríos le parecían las gotas de lluvia al caer en sus muslos a través de la falda.
¡Cómo le gustaban las tormentas de verano!
Columpiándose sobre aquel ya no tan grande neumático, de vez en cuando miraba al cielo y veía caer las gotas: montones de puntitos blancos que surgían derrepente de la inmensa nube gris, y que derrepente se le metían en los ojos, entre el pelo, la ropa o incluso se colaban en su pecho refrescándole el alma.
Su vestido naranja ya se teñía rojizo cuando el perro, el dichoso perro, se plantó frente a ella obligándola a frenar de golpe, ahora que casi le parecía tocar el cielo cuando se elevaba haciendo chirriar las cadenas del columpio.
Y volvieron a casa pisando charcos.
3 comentarios:
El amigo de las tormentas, que dirían los Surfin Bichos.
Todo era distinto. ¿quieres un columpio?. Recuerdalo.
Un lobo sin sueño
Artista!tienes algo...
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